POBREZA ENERGÉTICA Y ARQUITECTURA

Además de lo recientemente publicado en los medios sobre la muerte de una persona mayor al incendiarse su vivienda con una vela por no poder hacer frente al pago de la factura eléctrica, el Ayuntamiento de Valencia ha hecho público un informe, pionero en España, donde se pone de manifiesto que solo en esa ciudad el 15% de los hogares sufre pobreza energética severa.

Sin entrar en las causas indirectas, relativas al mal aislamiento y estado de muchas viviendas, el uso inadecuado de los sistemas eléctricos e instalaciones, etc. me gustaría hacer hincapié en la reflexión que me ha suscitado una imagen difundida en prensa donde se ve a las puertas del desmesurado edificio central de Unión Fenosa – Gas Natural en Barcelona, a unas cuantas pobres personas, (en el sentido literal del término) algunas de avanzada edad,  con pancartas reclamando tímidamente alguna solución a su gravísimo problema de pobreza energética.

Me venían a la cabeza imágenes seguramente entresacadas del inconsciente o vistas en alguna película ambientada en la Edad Media, donde pobres de solemnidad vestidos con harapos clamaban a las puertas de los castillos de los nobles de la época por algo de comer, cobijo o algún mísero trabajo para alimentar a sus familias.

Ambas imágenes, salvando algunas distancias, no se diferenciaban mucho, solo hay que sustituir los harapientos mendigos del siglo XII por los ancianos y familias sin recursos de nuestro país y los muros infranqueables de los castillos medievales por el edificio de la poderosa compañía energética que con unos beneficios multimillonarios, obtenidos entre otros modos a través de unas carísimas tarifas, nos insulta a todos con un edificio desproporcionado, grandilocuente, carísimo y seguramente – y esto no deja de ser paradójico- ineficiente energéticamente.  Eso sí realizado a más gloria de sus propietarios, que por otro lado no necesitan a estas alturas demostrarnos su poderío albergando sus sedes en edificios que podríamos definir en una sola palabra como innecesarios.

Ya sabemos de lo que son capaces estas corporaciones mientras algunos políticos no se dan por enterados.

Enrique Fombella, 16 de diciembre de 2016