El edificio se ubica en el Campus de Majadahonda del Instituto de Salud Carlos III, dedicado a investigación. Debido a la inexistencia de patios de instalaciones y a la desactualización de las originalmente existentes, la edificación se veía alterada por la inclusión de máquinas y conductos por todas sus fachadas lo que confería a la edificación un mal aspecto.
La necesaria renovación de gran parte de las instalaciones que venían impuestas por las nuevas necesidades de uso del conjunto edificado, hacía que estas se tuvieran que distribuir por conductos que debían recorrer verticalmente los cerramientos desde cubierta a las distintas plantas en aquellas zonas donde son necesarias, principalmente laboratorios y áreas de trabajo.
El análisis de sus cerramientos pone de manifiesto sus carencias a efectos de aislamiento térmico-acústico, lo que unido al creciente deterioro de los materiales que componían su fachada hacía imprescindible una actuación de conjunto que mejorara drásticamente el aislamiento de sus fachadas, así como también la estabilidad y apariencia de las mismas, lo que se aprovecha para dotar al conjunto de una nueva imagen que actualice tanto sus usos como su arquitectura.
La nueva fachada sigue un patrón de separación del cerramiento existente que es acorde con las diferentes secciones que las instalaciones requieren, de manera que, al ubicar la maquinaria en la cubierta, las fachadas se escalonan verticalmente siguiendo las secciones decrecientes de los conductos que provienen de la parte superior del edificio hasta llegar a las plantas inferiores.
Esa disposición que sigue una estricta relación funcional con las instalaciones modela la nueva volumetría que justifica la forma propuesta.
El proyecto propone un revestimiento exterior aislante de todas las fachadas adherido al cerramiento existente y una nueva piel de paneles de chapa perforada de color blanco, lo que por un lado dará al conjunto un criterio de homogeneidad compositiva y formal del que actualmente carece, al mismo tiempo que protegerá el cerramiento y a los huecos de ventana de las condiciones térmicas y climáticas exteriores. Este revestimiento permite el paso de la luz natural a través de ella al mismo tiempo que se consigue matizar la radiación solar en épocas cálidas, ocultando las instalaciones. Entre esta nueva piel y el edificio se coloca una galería visitable para mantenimiento y limpieza.
La propuesta otorga a la edificación un doble aspecto diferente por el día y por la noche, de manera que durante las horas de sol aparece una volumetría ciega y rotunda sin apenas huecos y solo se percibe la sombra de los diferentes planos del nuevo cerramiento, mientras que por la tarde y noche surge la iluminación interior de los diferentes espacios de trabajo haciendo desaparecer la nueva fachada metálica perforada.