EL COMPROMISO ÉTICO DE LOS ARQUITECTOS

 Hace unos días, se ha hecho público un “manifiesto” del arquitecto Patrick Schumacher, el actual director del estudio de Zaha Hadid recientemente fallecida, en el que afirmaba con toda rotundidad que era imprescindible una política que no solo privatizara los servicios públicos y las viviendas protegidas (argumento que conocemos en Madrid por los efectos que ha provocado la venta a fondos buitre que se hizo en su día de parte del patrimonio de vivienda pública), sino que también – y esto es la novedad- abogaba por privatizar el espacio público, en concreto parques y jardines, con el ya manido argumento de que solo la libre competencia y el libre mercado son la garantía de su mejor uso.

Sin entrar aquí a valorar la opinión de P. Schumacher, si parece oportuno hacer una reflexión sobre lo que podríamos llamar la desideologización de una inmensa mayoría de los arquitectos, particularmente en el mundo occidental capitalista.

A raíz de esos comentarios es curioso observar el silencio cómplice, cuando no la anuencia con esta opinión, de todas las estrellas de la arquitectura – en el Reino Unido y también en el resto de países de nuestro entorno- a la vez que se escuchan las voces favorables del coro de admiradores y no pocos políticos a los que les gusta una arquitectura desideologizada, desvinculada de las necesidades reales del mundo actual y que mirándose el ombligo ponen por encima  del compromiso ético del arquitecto el interés económico, el ego o simplemente sirven de coartada para que los poderes fácticos construyan a su mayor honra edificios que poco o nada tienen que ver con las necesidades de un mundo global.

Se echa de menos esa época reciente que bien es verdad duró poco, en la que un buen puñado de arquitectos comprometidos se dedicó con ahínco a convencer a las fuerzas vivas del momento del valor que la arquitectura tiene para trasformar la sociedad  sin renunciar a la belleza, proyectando y construyendo edificios de todo tipo que fueran expresión ajustada de las verdaderas necesidades sociales y que han quedado en muchos casos como ejemplo de una auténtica Arquitectura.

Enrique Fombella  7 de diciembre de 2016